
¿Puede Avatar ser una película de acción? ¿Y una de aventuras? ¿O más bien romántica? ¿Tal vez algo de drama? ¿Pero... hay algo de humor también? ¿Alguien sería capaz de calificarlo como un documental? Todas estas afirmaciones (si, incluida la última también) son ciertas, pero la unica forma de responderlas es viendo esta magnifica película.
Antes de que empiecen a llover los halagos, que nadie se equivoque. No nos encontramos ante un argumento revolucionario. La historia de Avatar cumple al pie de la letra el argumento tantas veces visto: chico llega a mundo nuevo para conquistarlo - conoce a chica nativa - se infiltra entre los nativos - les coje cariño - le ordenan acabar con ellos - se rebela y los ayuda contra los invasores (no se porqué ultimamente se me viene mucho a la cabeza Pocahontas). Afortunadamente para nosotros, lo importante en una película no es el QUÉ se cuenta, sino CÓMO se narra. Y si algo hace bien Cameron con esta historia, es contarla muy bien. Prácticamente desde los inicios del filme, hasta el último plano (y cuando digo el último me refiero hasta el ultimísimo, vamos que detrás ya vienen los créditos) presenciamos un auténtico derroche de espectacularidad. Ya hacía tiempo que no me sorprendía a mí mismo durante una película con la boca abierta, literalmente.
Si hablamos de espectacularidad... ¿por donde empezar? Se trata de la producción más cara del cine americano y se nota. Los efectos son sencillamente impecables. Hoy en día andamos en un nivel muy elevado en cuanto a magia digital, sin embargo, no son pocas las ocasiones en las que uno nota la irrealidad, se ve el truco. Avatar se encuentra a una distancia colosal, el trabajo de los efectos nos traslada a Pandora como si de verdad anduvieramos con una cámara por allí. A eso le sumamos el trabajo de creación que James Cameron ha hecho sobre el planeta, y más de uno podrá entender que al inicio de esta reseña mencionara que Avatar podría considerarse una película documental. Pandora es real, existe en la imaginación colectiva de los espectadores. Pero es un mundo con reglas, como el nuestro.
Si hablamos de una película espectacular como esta, ya toca hacerlo en 3D. Si en las primeras reseñas sobre esta teconología comentaba que aún había de evolucionar, ahora toca decir lo propio de nuestro ojo. El 3D ya esta aquí, y viene para quedarse. Aquellos que en los primeros compases de una película se sientan mareados que recuerden qué hacen cuando yendo en un coche se marean al mirar fijamente objetos cercanos como las lineas de los carriles o los quitamiedos. Hay que mirar la pantalla en su conjunto, no a los objetos que parecen salirse de ella. Una vez el ojo se acostumbra uno puede percatarse de que ya no se puede volver a las 2D.
En definitiva, un auténtico espectaculo audiovisual recomendado 100% para todos. La prueba que viene a integrar el 3D más allá del cine de animación.