¿POR DONDE EMPIEZO?

martes, febrero 12, 2013

Porco Rosso

Período de entreguerras. Marco Pagot es un experimentado piloto militar italiano que, después de ver a un compañero morir en una batalla, cae víctima de un extraño hechizo que le hace tener apariencia de cerdo. Debido a esto y a que el hidroavión que pilota es de color carmín, toma el nombre de Porco Rosso; convirtiéndose en un conocido cazarrecompensas. A Porco le encanta frustrar los intentos de pillaje de las bandas de piratas que surcan los cielos de la costa del mar Adriático. Los piratas, cansados del boicot de Porco, deciden contraatacar contratando a un aventurero estadounidense cuyo objetivo es acabar con el as del aire.
Por todos es sabido que los nombres Miyazaki y Ghibli están unidos de la mano irremediablemente. Recientemente comentábamos que como era lógico en una filmografía de más de veinte películas, no todas podían ser maravillas. Es ley natural. Pero, ¿se trata de una ley para todos? ¿O quizás Hayao Miyazaki está exento de cumplirla? Porque resulta innegable que todas y cada una de sus películas se encuentran por encima de la media. ¿Cuál es el secreto?
Se trata de una pregunta de difícil respuesta. Pudiera ser que repite una serie de elementos, una especie de fórmula secreta para el éxito que sólo el conoce. Pero... ¿no tratan todas sus películas temas diferentes? Salvo cuatro pinceladas ya comentadas en estas páginas, poco o nada tienen que ver unas con otras. No, realmente no me siento capaz de discernir por qué este nipón de 71 años parece no encontrar rival. Incluso en una película como esta, de temática tan especializada (no sólo hablamos de aviones, sino de hidroaviones; hidroaviones de entreguerras) logra cautivar a un público tan amplio. No hablamos de una película infantil que cautiva también a los adultos, por lo que en principio cuenta con un público objetivo tan amplio. A saber lo que dirán en Japón, pero aquí en España es de sobras conocida la expresión "cuando los cerdos vuelen"... ¿En qué estaría pensando este señor al plantear Porco Rosso? ¿Será esa precisamente la genialidad tan buscada?
Defender la película sería ya redundar otra vez sobre lo mismo. Que buenos que son los del Studio. Que grande que es Miyazaki. Que carisma tienen los personajes. Que animación tan entrañable. Que música tan deliciosa. ¿Para que entrar otra vez en lo mismo? Ya sabemos que cuando compañía y director unen fuerzas, nos encontramos ante una cinta de obligado visionado. Lo mismo de siempre pero con otra historia. Y lo más curioso de todo es que inicialmente no se trataba de un proyecto destinado a acabar en cines. Se trataba de un producto pensado para ser proyectado en vuelos de aerolíneas. Pero ya se sabe, cuando las cosas funcionan, crecen solas.
Hay algo que se le puede reprochar a este Porco Rosso, que la película se acaba. Y no nos estamos refiriendo al tópico en plan "es tan genial que da pena de que termine". No. La cinta va avanzando lentamente hasta engancharnos por completo y cuando nos acaba de sujetar sin posibilidad de escapatoria... Se termina. Falta media hora (el filme ronda los 90  minutos) que ha desaparecido sin más. No es que la película no haya llegado intacta hasta nuestros días, es que está pensada para acabar en lo mejor. No seré yo quién se lo discuta al Sr. Miyazaki.  Pero ahí si que hemos patinado, ¿verdad? Esto no lo digo yo. Se trata de la única producción de Studio Ghibli que sigue vertiendo ríos de tinta en internet sobre la posibilidad de una secuela. Y aunque nadie sepa qué ocurrirá en el futuro (lo más probable es que sean sólo rumores) Porco Rosso: The Last Sortie (Porco Rosso: La Última Salida) sigue estando en las listas de deseos de miles de seguidores que no tienen muy claro por qué, pero adoran el filme.
En resumen, como siempre, una película de animación de altísima calidad. Recomendada para todos pero especialmente como ya es tradición a los seguidores de Ghibli y, aquí vamos a sorprender, los amantes de la aeronautica y la aviación. Se van a hartar de avioncitos.

lunes, febrero 11, 2013

Recuerdos del ayer

Taeko Okajima es una joven de veintisiete años que pide permiso de vacaciones para poder regresar a su casa de Yamagata, el pueblo de su cuñada, y donde guarda tiernos momentos. En el transcurso del viaje a la granja donde pasa se queda en esos días de descanso y su posterior estancia en la misma, Taeko irá recordando su pasado en el colegio, mientras vive intensamente su presente, sin saber muy bien qué hacer con su vida. Una propuesta por sorpresa terminará por poner patas arriba el frágil mundo de Taeko.
Quién no ha paseado, en solitario por algún lugar que ya creía perdido en la memoria  para sorprenderse a sí mismo, recordando momentos de una niñez que desafortunadamente ya no volverá. Con esta premisa Studio Ghibli vuelve a dar un nuevo giro de tuerca a sus producciones presentándonos una rara avis dentro de su catálogo.
Y es que en no pocas ocasiones en esta retrospectiva que estamos haciendo del Estudio hemos mencionado que un elemento clave en sus obras es la fantasía. Con los dedos de una mano podemos contar aquellas que no presenten algún tipo de elemento de cuento o de mundos más allá de nuestra realidad. Incluso en La tumba de las luciérnagas, a pesar de su crudeza, la historia está llevada de un modo más clásico, podríamos decir. Pero en ésta Recuerdos del ayer Studio Ghibli muestra su lado más costumbrista. Casi de cine independiente (si es que un calificativo semejante se puede aplicar a las películas de animación). En esta ocasión, la trama tiene como objetivo a un público claramente adulto y femenino.
Muchas cosas se pueden contar ahora para justificarla como una cinta a tener en cuenta. Sin embargo, sería de justicia afirmar que no todo el monte es orégano y que incluso los grandes tienen momentos donde la gloria se escapa entre los dedos. Recuerdos del ayer es una buena película. Pero el listón se encuentra tan alto que pasa desapercibida (llegando incluso a resultar pesada en algunos momentos, precisamente debido a su temática) entre el abultado catálogo de genialidades de la compañía. Dicho esto, es mi deber recalcar que todo seguidor de Ghibli o del cine de animación japonés debe sentarse delante de la historia de Taeko. El bloque de los recuerdos, donde vemos a la pequeña Taeko en el colegio, si pasa por el listón de lo que estamos acostumbrados. Estos japoneses usan la ternura (como no me cansaré de repetir) para comprarnos a base de dibujarnos tímidas sonrisas de complicidad con los protagonistas. 
Harina de otro costal es la sección dedicada a la Taeko adulta en la granja. Y a la vez, por extraño que pueda parecer, es el motivo más importante por el que el amante de la animación debe prestar atención a esta parte de la cinta. Al contrario de lo que sucede por norma, los diálogos se grabaron previos a la animación, de esta forma los animadores lograron una sincronía perfecta (en japones, huelga decirlo) de los personajes con sus diálogos. Esto les permitió conseguir expresiones faciales más realistas, pero aquí es donde la magia desaparece. Y es que en esta casa somos partidarios de que la animación no debe buscar el realismo, si no la caricatura. Y en esta ocasión en dibujo se antoja por momentos en algo poco agradable a la vista. A pesar de todo, el conjunto, aunque pueda resultar lento en algunas partes (sobre todo hacia el final) queda por encima del aprobado con suficiente nota, pero sabiendo de lo que son capaces por aquí, es de recibo no subirla demasiado a la espera de que vuelvan a sorprendernos como hicieron antaño.
En resumen, una película correcta. Dulce por algunos momentos, pesada por otros. Recomendada sólo si queréis conocer al completo la filmografía de Studio Ghibli.

martes, febrero 05, 2013

Nicky, la aprendiz de bruja

Por tradición, las brujas, al cumplir los 13 años, deben abandonar la casa de los padres y buscar una ciudad donde sus servicios sean requeridos para quedarse allí durante algún tiempo. De esta manera, Nicky, comenzará el camino que la llevará a convertirse definitivamente en una bruja adulta. Para ello partirá junto a su amigo Jiji, un gato negro muy parlanchín, montada en su escoba voladora. Su viaje iniciático la llevará a instalarse en una ciudad marítima donde comenzará a conocer el mundo y a sí misma. Grandes amigos como Tombo y Osono la ayudarán en el camino.
¿Como afronta un creador el reto de superarse a sí mismo? Sobre todo cuando el reconocimiento llega una y otra vez con más fuerza. ¿De donde se saca la creatividad para no volver sobre los mismos pasos y buscar un nuevo camino por el que marchar en busca de nuevas vistas? Hayao Miyazaki parece ser una de esas personas dotadas del don eterno de la imaginación. Bueno, quizás se le acabe algún día, pero de momento el Maestro ha conseguido mantener el listón por las nubes sin repetir palo de la baraja. 
¿Quiere decir esto que Nicky, la aprendiz de bruja es mejor que la imbatible Mi vecino Totoro? Ni muchísimo menos. Pero donde otros dan una de cal y una de arena, Miyazaki siempre da cal (o arena, no recuerdo cual de las dos era la buena). A lo mejor no todas sus películas llevan la etiqueta de obra maestra, es algo inevitable. Pero la peor de sus películas consigue quedar a varios cuerpos de distancia por delante del resto de competidores. Este es el caso de Nicky. Un filme que en otras manos hubiera resultado mediocre; en manos del Maestro y su estudio consigue encandilar a los espectadores una vez más. Tal vez no soporte estoicamente un segundo visionado. Es posible. Pero de primeras dudo mucho que despierte algún sentimiento negativo en aquel que la vea.
Aquí se vuelven a conjugar con acierto todos los elementos característicos de Ghibli (aeronáutica, bosques, protagonista femenina de relativa corta edad, amigo masculino que la ayudará en su camino...) dando como resultado un conjunto, una vez más, cargado de ternura y cariño sin caer en la ñoñería (del latín ñoñerum: aquello que empalaga hasta decir basta) fácil en la que la mayoría suele tropezar una y otra vez para ganarse espectadores "cultos". Es verdad que el listón quedaba muy alto después del doble mortal que fueron La tumba de las luciérnagas y Mi vecino Totoro. Pero los personajes, una vez más vuelven a conectar con nosotros desde primera hora haciéndonos reír cuando son felices y entristecernos cuando pasan por malos momentos.
Una vez más queda patente también que en este país (al menos de momento) todavía no somos amigos de confianza del cuidar el mimo y los detalles (como ocurre de manera envidiable fuera de nuestras fronteras). Y es que por enésima vez (y parece que de nuevo para no pervertir a las mentes más inocentes de nuestros hogares) volvemos a ser víctimas de los cambios en el doblaje. Y es que el verdadero título del filme vendría a ser como El servicio de reparto de Kiki. Con el cual la película gana mayor sentido, pero... Si, han oído bien: KIKI. ¿No se ha desmayado ninguna señora en el fondo de la sala? Menos mal, prometemos no volver a pronunciar semejante palabro. El experimento no molestaría en exceso si no fuera porque queda raro llamar durante toda la historia Nicky a una niña para que después la jodía (me van a perdonar, pero hoy estoy de un basto que asusto, ¿verdad?) le plante un letrero la mar de hermoso a su negocio donde pone... si, efectivamente: K-I-K-I. Perdón, señora. Afortunadamente este es de los pocos cambios que han permanecido en la edición actual para el mercado doméstico. La mayoría de las barbaridades que se hicieron en su día han sido eliminadas para esta nueva edición.
En resumen, poco se puede decir ya para sonar medianamente objetivo. Nicky es una película de Ghibli, y con eso ya bastará a muchos. Los que no se hayan atrevido, que le den una oportunidad. Mal no lo van a pasar. Palabra de boy-scout. 

miércoles, enero 30, 2013

Mi vecino Totoro

Un profesor universitario se traslada junto a sus dos hijas a una casa cerca del bosque mientras su mujer se recupera de tuberculosis en un sanatorio rural. Sus hijas descubren la existencia de "los duendecillos del polvo", de este modo aprenden que hay seres que no todos pueden ver, como los espíritus del bosque, solamente aquellos de corazón puro. Mei, de cuatro años de edad, queda fascinada a encontrar a dos pequeños seres y se determina a encontrar al rey del bosque: Totoro.
¿Puede una obra alcanzar el éxito gracias a uno sólo de sus personajes? Seguramente la respuesta sea sí. Aunque es algo que realmente debemos de responder cada uno de nosotros de manera individual. Sin embargo, el hecho de que cuando hablamos de Studio Ghibli la primera palabra que nos venga a la mente sea, Totoro; nos indica hasta que punto la afirmación puede ser cierta.
Si tenemos que seleccionar una sola de las películas del estudio japonés como máximo referente de su obra, pocas personas se opondrían a que Mi vecino Totoro se alzase con el puesto. Creo que es algo muy a tener en cuenta dado que ni siquiera en factorías como Disney o PIXAR nos lanzaríamos tan rápidamente a mencionar una única respuesta. No, Totoro tiene algo. Algo que trasciende la calidad del filme (algo en lo que ahondaremos en unas líneas). Quizás sea por que se trata de la personificación de lo entrañable. Porque cada vez que aparece nos hace reír. Porque impone el respeto justo. Sea cual fuere el motivo, todos deseamos volver a nuestra infancia para poder encontrarlo y pasar un día con él.
La película tal vez sea una de las que tiene un argumento y un tratamiento de los más simples de toda la trayectoria de Miyazaki y del estudio. Sin embargo, en varias ocasiones hemos mencionado que el adjetivo más justo a la hora de calificar la obra de Ghibli es la ternura. Y aquí la tenemos para dar y regalar. Aquél que haga oídos sordos a lo que Hayao Miyazaki tiene que contar aquí puede ser calificado de insensible sin temor a represalias. La historia es azucarada y bonita hasta decir basta. Y posiblemente como ya hemos mencionado el mérito de esto sean los personajes (ahora no sólo le cedo el mérito al rey del bosque). Desde unas niñas adorables, hasta un padre despistado pero que derrocha amor hacia sus hijas, pasando por una madre en pleno esfuerzo por disimular su enfermedad, pasando por toda la cartera de secundarios (humanos o no). Todos y cada uno de ellos conecta con nosotros desde el primer segundo. Y lo más curioso, no hay más antagonista en la historia que la enfermedad de la madre. Es decir, nadie representa el papel del villano. Aún así, la trama avanza rápidamente hasta el final de la película sin que el espectador tenga momento para el aburrimiento.
En este filme (al igual que ocurría con La Tumba de las Luciérnagas) el estilo de la compañía está más que asentado. Curiosamente no ocurre lo mismo con la música de las cintas. Pese a que desde la primera película, la banda sonora siempre ha tenido un papel correcto es en La Tumba de las Luciérnagas y especialmente en esta Mi vecino Totoro (no obstante ambas se estrenaron a la par) donde parece que finalmente el estilo musical termina por definirse. Y precisamente ya que hablamos de ambas películas, no se puede tachar del ser pesado el volver a recalcar que ambas son las dos caras de la misma moneda. Presentando a la inocencia infantil como leiv motif la primera nos mantiene con el corazón encogido durante toda la historia (raro es el momento en el que nos alegramos) mientras que en Totoro no queda sitio para la tristeza, todo es alegría incontenida.
En resumen, la Obra Magna de Studio Ghibli se encuentra ante ustedes. La verdad es que me resulta imposible recomendar sólo una película de los nipones, pero si por alguna extraña razón, se ven en la obligación de elegir sólo una, ésta debe ser su elección. Los demás busquen el hueco cuando les venga bien, pero todos tienen que sentarse a compartir esta hora y media con Totoro.

sábado, enero 26, 2013

La tumba de las luciernagas

El 21 de septiembre de 1945, un indigente adolescente de 14 años agoniza en una estación de tren. Al morir de inanición, su espíritu empieza a recordar los sucesos anteriores a su muerte. Nos encontramos en el Japón de finales de la Segunda Guerra Mundial; la aviación estadounidense somete las ciudades japonesas a continuos ataques aéreos. En uno de los bombardeos, la ciudad de Köbe se convierte en un infierno humeante para Seita, nuestro protagonista y su hermana pequeña Setsuko, de 5 años, hijos de un oficial de la marina japonesa. Durante la guerra, ambos viven con su madre, pero tras un bombardeo ellos se retrasan y no consiguen llegar al búnker donde los espera. Cuando la buscan, Seita la encuentra muy malherida en la escuela que ha sido convertida en hospital de campaña. Pero cuando poco después su madre muere, los dos hermanos deben alojarse con sus tíos, quienes no los reciben con agrado. Así que los dos hermanos terminarán por irse a vivir por su cuenta a un refugio antiaéreo abandonado. Pero aunque allí pueden vivir con mayor desahogo y sin suponer un estorbo para nadie, las cosas no les van mejor: la comida escasea, no pueden esperar ningún tipo de ayuda; y lo que es peor, los estragos de la desnutrición cada vez son más visibles en la pequeña Satsuko.
Aunque podemos afirmar que se trata de una tendencia cambiante, aún son muchos los espectadores de cine que afirman sin tapujos que el cine de animación (sí, eso que en casa conocemos desde chicos como "dibujitos animados") no deja de ser más que un producto claramente enfocado a un público infantil. Afortunadamente contamos en la industria con artistas dispuestos a hacernos cambiar de opinión golpeándonos en la cara con la mano abierta.

Y es que cuando La Tumba de las Luciérnagas se proyecta en cines lo más que la gente esperaba del cine de animación eran cuentos infantiles o aventuras juveniles (las películas previas del estudio son una buena muestra de ello). Incluso si queremos ahondar más el dedo en la llaga, el filme que nos ocupa se presentó a la par que Mi vecino Totoro, posiblemente una de las más azucaradas de Ghibli. Precisamente fue este estreno doble el que favoreció a la película del duende del bosque dejando de lado a esa extraña película de dibujos que ni siquiera el más fuerte de los adultos podía ver sin que se le encogiera el corazón.

Porque eso es lo que ocurre cuando vemos esta película. Da igual que no seamos cercanos a la animación, o que estemos más que acostumbrados a ver todo lo que puede dar de sí. Este filme te deja con el aliento contenido desde el primer minuto, deseando que llegue un final que en el fondo sabemos que nunca llegará. Precisamente porque la historia la escriben los vencedores, y pocas veces tenemos la ocasión de ver las cosas desde el punto de vista de aquellos que perdieron, independientemente de quién tuviera la culpa en un principio. Y todos sabemos quienes son los primeros en perder siempre en uno y otro bando. Aquellos que son la inocencia personificada: los niños. En un ejercicio de masoquismo, la película nos daña en el corazón una y otra vez. Y lo aguantamos estoicamente porque sabemos que es lo que ocurrió de verdad; y sigue ocurriendo a día de hoy. Y por una extraña razón, no somos capaces de hacer oídos sordos como en otras ocasiones hacemos cuando vemos las noticias. Porque desde el inicio, el valiente Seita y la adorable Satsuko se aferran a nuestro pecho como se aferran el uno al otro por sobrevivir.Y todo con la ternura propia de Studio Ghibli, porque quizás esa sea el plato de la casa: la ternura. Independientemente del corte de la cinta que veamos, el cariño que desprende se nos antoja abrumador.

No, los dibujos animados demuestran ser un medio tan válido como cualquier otro para expresar todo tipo de temas. Inolvidable experiencia tuvo que ser, allá por el 88, poder ver el lado más tierno de Ghibli junto a la experiencia más desgarradora. Y poder salir de esa sala de cine con argumentos desde primera hora para cerrarle la boca al más pintado que dice que los dibujitos son para los niños. Efectivamente tras ver esta película, queda demostrado que son para los más pequeños. Pero para gritar a viva voz y con un estilo digno del mejor de los gustos, que son ellos los más necesitados en las peores situaciones y que muchas veces olvidamos la importancia que hay que darles. No se trata de donde, cuando y en que lado de la pelea se desarrolla la historia. Lo importante son sus protagonistas. Y los protagonistas de en estas situaciones no lucen medallas ni vuelven a casa arropados por el cariño de una nación.

En resumen un peliculón de los pies a la cabeza. Desgraciadamente aún sigue sin el reconocimiento que se merece por ser una película de animación. Una parte de mí cree firmemente que es un filme que todo el mundo tendría que ver al menos una vez en la vida. Pero quizás, no todos estemos preparados para mirar al interior de La Tumba de las Luciérnagas...