En 1865, mientras la Guerra Civil Americana se acerca a su fin, el presidente Abraham Lincoln propone la instauración de una enmienda que prohíba la esclavitud en los Estados Unidos. Sin embargo, esto presenta un gran dilema: si la paz llega antes de que se acepte la enmienda, el Sur tendrá poder para rechazarla y mantener la esclavitud; si la paz llega después, cientos de personas seguirán muriendo en el frente. En una carrera contrarreloj para conseguir los votos necesarios, Lincoln se enfrenta a la mayor crisis de conciencia de su vida.
Veamos... Una película, ¿vale? Basada en un momento histórico de los Estados Unidos de Norteamérica. Voy más allá. Una película basada en un momento histórico y político de los ya mencionados EE.UU. Y además, contado a través de la figura de un americano. Uno de los americanos más importantes de la historia de donde ya dijimos. Y además, está dirigida, escrita, producida, rodada e interpretada por americanos... correcto. Y se ha hecho para venderla en todo el mundo pero principalmente a... si exacto, a los americanos. ¿De verdad hay alguien que se permite el lujo de calificarla de americanada? ¿Qué esperaban? ¿Una película sobre flamenco y toros?
Si señores, Lincoln era americano y en esta película la bandera de las barras y estrellas está presente (como también lo está la cruz estrellada sobre fondo rojo de los Estados Confederados), es algo tan inevitable como que cuando Spiderman suba a lo alto del Empire State se la encuentre entre paloma y paloma. ¿Acaso importa eso en el mundo globalizado en que vivimos? Sólo si somos lo suficientemente cerrados de mente para no ser capaces de ver las cosas como son realmente en lugar de una amenaza a nuestro "enterismo" (lo siento, le voy a coger prestado el término a los chicos de #ElMundoEsNuestro, ¿una "españolada", tal vez?).
No. Lincoln es cine. Cine con mayúsculas. Y lo es por muchos motivos. Tal vez lo que se cuenta puede que a muchos ni nos vaya ni nos venga. Y cuidado que aquí en esta casa somos defensores de la importancia de lo qué se cuenta sobre el cómo se cuenta. Pero en ocasiones, la historia está tan bien llevada, que quienes lo hacen son capaces de lanzar a lo más alto ese interés por algo que de un primer vistazo no hubiera captado nuestra atención. Por eso desde ya no puedo hacer sino recomendar que todo el mundo le dé una oportunidad (no importa cuando) a está película. Pocos serán los que se vean decepcionados.
Sin desmerecer el trabajo de todo el equipo de la película, que son los que realmente hacen posible el resultado final, me veo en la obligación de centrarme en dos nombres propios: Daniel-Day Lewis y Steven Spielberg. Son aquellos que desmarcan lo que de otra forma sería una buena película a ser una película de Oscar (yo no la llevaría al altar de Obra Maestra, pero bueno, quedarse cerca tampoco es malo). No se si el director se llevará la preciada estatuilla. Desde hace muchos años se viene diciendo en ciertos círculos que Spielberg ya no es Spielberg, comentario con el que me siento en consonancia. ¿Significa esto que este señor se ha vuelto malo con los años? Ni muchísimo menos, pero lo que es innegable es que cualquiera que haya visto sus películas, sabe de lo que es capaz. De cotas que hace mucho que no alcanza. Con Lincoln he visto algo de eso. El Rey Midas que todos recordamos sigue ahí. Quizás ya no convierta en oro todo lo que toca, pero si es capaz de dar un brillo dorado especial a sus creaciones cuando de verdad se lo propone. Y es que pese a que a veces lo critiquemos, los que de verdad lo queremos por lo que ha hecho, reconocemos que pocos saben coger la cámara como él lo hace.
Y de dorado, y de estatuillas, puedo asegurar que Lincoln, (y hablo del personaje, porque el actor desaparece para convertirse en el mismísimo Presidente) se va a volver cargadito a su casa, blanca o no. Es lo que por aquí denominamos, "hacer un papelón" (algunos más brutos dirían algo como "salirse de la pelleja" estimen ustedes lo oportuno de comentario o no). La postura, el timbre de voz, el tono, la mirada, todo está clavado. No, yo tampoco conozco en persona al Presidente Lincoln, pero puedo asegurarles que no me lo imaginaba de otra forma. Y por favor les pido, sepan recompensar el arduo esfuerzo del interprete yendo a ver el filme en versión original, les saldrá más barato y les merecerá la pena, se lo aseguro (aunque reconozco que es algo que cuesta en este país).
Por debajo de la genialidad, todos los demás mantienen el tipo como campeones, dando como resultado un conjunto perfecto. Es verdad que el hecho de que sea una "americanada" (ea, ya lo he dicho) hace que en algún momento el espectador no nacido al otro lado del charco pueda perderse por falta de conocimiento previo de Historia yankee (especialmente en las escenas iniciales donde se enumeran un sinfín de senadores, leyes, estados y decretos), pero todo en esta vida pasa y en cuanto nos sumerjamos en la trama no podremos reprimir la emoción y la tensión en los momentos finales, a pesar de que ya sepamos como termina la cosa. Especialmente no puedo evitar aplaudir al responsable decidir cómo tratar la el final del querido presidente. Algo que uno nunca hubiera esperado ya que el magnicidio es de los más conocidos de la Historia.
En resumen, un peliculón de los buenos. Que engancha poco a poco y al final no quieres que termine. Las casi dos horas y media que dura se antojan pocas. Recomendada para los amantes del buen cine o de la historia política americana. Los que aborrezcan esto último... bueno, ellos se lo pierden.

