¿POR DONDE EMPIEZO?

martes, junio 08, 2010

Kick-Ass

‘Kick-Ass’ gira en torno a Dave Lizewski (Aaron Johnson), un estudiante de instituto que pasa desapercibido por todos, aficionado a los cómics, de donde saca un día la idea de convertirse en un superhéroe, aunque no tenga superpoderes, no haya seguido un duro entrenamiento y ni siquiera tenga una significativa razón para ello. Pero la vida de Dave cambiará para siempre cuando se encuentre con un par de locos vigilantes -la terremoto de 11 años Hit Girl (Chloë Moretz) y su padre, Big Daddy (Nicolas Cage)- y forje amistad con otro joven luchador contra el crimen, Red Mist (Christopher Mintz-Plasse). Y cuando todos se tengan que enfrentar al jefe de la mafia local, Frank D'Amico (Mark Strong), sus alianzas y sus verdaderas habilidades serán puestas a prueba.

¿Qué tienen los superhéroes? Me refiero, aparte de capas y mallas... ¿Qué tienen los superhéroes, que gustan a todo el mundo? Ya no hablamos de que todo el mundo lea historietas de seres superpoderosos. Pero nadie le hace asco a ver una película de señores (o señoritas) embutidos en cuero y espandex. ¿Podría ser que todos hemos fantaseado alguna vez con volar, atravesar paredes o crear fuego? ¿Porqué entonces cada vez vemos más personajes carentes de habilidades "especiales"? ¿Es que todos llevamos dentro un pequeño fetichista que piensa secretamente en disfrazarse de fantoche? Una cosa está clara, el hombre ha de ser malo por naturaleza. Porque los atracadores de bancos llevan máscaras. Sin embargo, ningun buen samaritano ha salido a la calle para hacer el bien debajo de una capa.

Preguntas interesantes que llevaron a Mark Millar a hacer su penúltima gamberrada tebeística. Y algo tuvo que tener para que antes de estar terminada alguien diera luz verde al obligado proyecto cinematográfico. Y digo que algo tuvo que tener, porque no he disfrutado todavía del tebeo, pero después de ver la película poco voy a tardar en correr para hacerme con mi copia. Desconozco quién supera a quién. Pero el filme es una "cafrada" muy bien hecha (un poco más light que la obra de origen según tengo entendido). El pilar en el que se basa es el humor, pero el humor gamberro. Algo así como si Tarantino hubiera dirigido el crossover de Batman y Spiderman, me comentaba un compañero de butaca... y no iba muy desencaminado.

La película derrocha acidez y frescura por los cuatro costados. Desde los dialogos, a la banda sonora, pasando por las escenas de acción o incluso la fotografía o el vestuario. Es un cómic animado. A ello ayudan transiciones y efectos como flashbacks en forma de historieta animada, o cajones de narración en algún cambio de escena. Burra y cafre en su justa medida (quizás el exceso de sangre del tebeo no hubiera funcionado tan bien en un medio como el cine) proporciona diversión mostrandonos lo que pasaría si hicieramos aquello que todos nos hemos planteado alguna vez. Salir a la calle a dar cera a los malos.

Por descontar algun punto, quizás haya que incidir en que el doblaje no es del todo acertado, aunque la mayoría de los actores cumplen sin problemas. Mención especial para Hit-Girl, y perdida de puntos para Nicolas Cage (que cada vez me gusta menos). Sin embargo no empañan un conjunto más que notable. Por supuesto, un filme de estas características está salpicado de guiños al mundo de los superhéroes. Esas pequeñas bromas en las que uno cree reirse solo en la sala, para después darse cuenta de que otra persona, varias butacas por detrás, también ha compartido contigo ese momento no reservado para todo el mundo.

En definitiva, un muy buen producto que derrocha entretenimiento por los cuatro costados y que todos disfrutaran en mayor o menor medida. Seguro que si a la salida regalaran disfraces de superhéroe, más de uno se daba una vuelta por la noche por su barrio arriesgandose a que le acaricien la cara.

martes, junio 01, 2010

Robin Hood

Inglaterra, siglo XIII. Robin Longstride (Russell Crowe), un magnífico arquero al servicio del rey Ricardo Corazón de León (Danny Huston), vuelve de las cruzadas en tierra santa saqueando poblados mientras lucha contra las tropas francesas. Cuando Ricardo muere bajo una fecha francesa, Robin se traslada a Nottingham con el objetivo de cumplir una promesa que hizo a Sir Robert Loxley (Douglas Hodge) antes de morir: devolver una espada a su padre, Sir Walter Loxley (Max Von Sydow). Allí conoce a lady Marion (Cate Blanchett), su viuda, una mujer con carácter. Mientras tanto, en un país debilitado por una larga guerra, regido por Juan (Oscar Isaac), un rey débil y poco eficaz, contra las rebeliones internas y las amenazas externas maquinadas por el pérfido Godfrey (Mark Strong), Robin y sus hombres se dejan llevar hacia una aventura mayor: deciden ayudar a impedir que el país caiga irremediablemente en una sangrienta guerra civil, y devolver la gloria a Inglaterra.

Y es que cuando uno se deja aconsejar por quien debe, lo que a priori no levantaba ninguna expectativa, puede llegar a dejar muy buen sabor de boca. El lector de este blog sabrá que la norma general es dejar aqui escritas mis propias impresiones evitando parafrasear a nadie. No obstante, cuando mi pensamiento coincide de semejante forma con otro blogger (nuevamente vuelve a ser Rafa Marín) no puedo hacer otra cosa que dejar aqui repetido lo que ya expusiera él en su propio terreno (CRISEI). A fin de cuentas, hay todo un abismo en la calidad de escritura de ambos.

"La figura de Robin el Encapuchado se pierde en la noche de los tiempos. El siglo veinte y lo que de él heredamos lo conoce gracias a la reinterpretación romántica y la visión de Hollywood que lo enclava por fin en un periodo concreto y lo convierte en un tipo en mallas, el primer guerrillero forestal de la historia. Alegre, vital, rebelde y acrobático. Cualquier revisión que se ha hecho en el cine viene lastrada por la imagen que esbozó Douglas Fairbanks y llevó a su cenit Errol Flynn. Sean Connery lo mostró calvo y viejo, Walt Disney ensayó una visión con animalitos, Kevin Costner lo convirtió en epígono de John F. Kennedy, y hasta ahora (para mí) es la serie televisiva "Robin of Sherwood" la que mejor refleja la rebeldía y el anarquismo intrínseco del personaje.

Ahora Ridley Scott nos muestra su versión. Una versión que no parte de la leyenda, sino de la historia. El naturalismo es la evolución del realismo, no del romanticismo, y por eso nos cuesta tanto trabajo ver cómo un héroe romántico se ensucia, sangra, y nos muestra una Edad Media que no tiene las luces ni las texturas de las visiones pre-rafaelitas.

Scott, un cineasta que nunca ha superado el listón que él mismo plantó con sus tres primeras películas (y que tiene un hermano menor que, para muchos, lo ha superado ampliamente) coge la figura del héroe rebelde y la cuenta como si fuera nueva. Es decir, no nos cuenta la historia de siempre, sino que hace girar su relato en torno a la firma (y luego renuncia) de la Carta Magna por el rey Juan; o sea, eso que los ingleses tienen todavía como simulacro de Constitución. Mezclar ese momento histórico con la leyenda del arquero, y hacer que ese arquero sea a su vez hijo de cantero (es decir, masón, y quizá un guiño a Los pilares de la Tierra) y esté en el meollo del asunto se complementa con una jugosa visión contemporánea en estos tiempos de crisis, subidas de impuestos y causantes de la crisis que escapan tan de rositas como los reyes y nobles que en esta historia diezman al pueblo.

La película es larga y sin embargo se hace corta. Y se hace corta porque te quedas con ganas de más: si me anuncian que es el principio de una trilogía, o que se está preparando una segunda parte (que de momento parece que no), yo reservaría ahora mismo mi asiento en el cine. Scott nos muestra un héroe cansado y harto de guerras, un Ulises que vuelve a una Itaca que no es suya, donde una Penélope que no es suya atiende lo que le queda de honor y de tierras. El personaje de Russel Crowe se llama Robin Longstride, quizá para dejar claro de dónde viene Aragorn, y con cierta retranca y cierta sabiduría narrativa el director y sus guionistas son capaces de unir los dos orígenes del personaje, el noble y el popular, como ya hiciera la mencionada Robin de Sherwood, en un juego de usurpación de personalidades que recuerda aquella vieja película de Alan Ladd, Marcado a fuego, y a Sommersby. Que Crowe podría interpretar con los ojos cerrados a Ulises me parece casi un punto obligatorio en su carrera.

Se agradece que la película no vuelva a contar el enésimo enfrentamiento con Little John en el tronco y con los palos, y que presente a sus compañeros Alan-a-Dayle, Will Scarlett y el mismo Friar Tuck sin incidir en quiénes son y en cuál es su leyenda. Este Robin es pícaro sin ser histriónico, valiente sin ser temerario, sabio sin tener que fruncir el ceño. Y encuentra a la Marion ideal, la Marion perfecta, encarnada por una Cate Blanchett independiente y aguerrida, una noble de segunda fila no muy distinta del pueblo con el que se confunde. El juego de roces y caricias interrumpidas entre Robin y Marian es lo mejor de la película.

Casi como si fuera un Robin año cero, la película casi esquiva el personaje del sheriff de Nottingham, igual que prescinde de la figura redentora de Ricardo Corazón de León, mostrado aquí como un rey guerrero y estúpido que muere en batalla (espectacular, por cierto) en los primeros minutos. Hollywood ha mitificado demasiado la figura de un mal rey que ni siquiera hablaba inglés (era francés a todos los efectos) y que en realidad no estuvo en Inglaterra más que once meses, contando todos los días en que pisó la isla. La visión que da la película de la monarquía, la iglesia y la nobleza, sin ser revolucionaria, se aleja de lo que hemos visto en otras ocasiones: Leonor de Aquitania (sabiamente acompañada por una lechuza) o William Marshall (sobriamente interpretado por William Hurt, un actor que merece mejor suerte y más reconocimiento del que tiene) tienen el contrapunto de los reyes jóvenes, Juan el inglés y Felipe el francés, que prepara un desembarco inverso de Normandía que bebe, y mucho, de Salvar al soldado Ryan. El malo remalo es un tal Godfried, interpretado por un Mark Strong que está aquí bastante mejor que en Sherlock Holmes, y a quien Marvel Productions debería contratar pero que ya para interpretar al Basilisco.

No es una película perfecta, en tanto las batallas cuerpo a cuerpo son borrosas, parece un pelín cobarde indicar que los recaudadores de impuestos son invasores franceses y no los hombres del rey, y en el fondo te quedas con ganas de que se incida en el tono alternativo y anarquista de Robin y sus hombres en Sherwood. Pero es una buena película historicista, con una buena banda sonora (la pega, que cuando canta Alan no es traducido siempre), y que me revalida en mi teoría de que Ridley Scott, como ya dejara entrever en El reino de los cielos, es fan de Prince Valiant: busquen ustedes los dos o tres guiños que hay al personaje y disfrutarán de lo lindo.

Se agradece que, para variar, alguien demuestre que Robin Hood tiene más de una historia que pueda ser contada."

En definitiva, una buena película, que si bien no se convertirá en obligatoria de nadie, permite pasar un buen rato en la butaca. Y sobre todo, no repite una fórmula ya manida.

domingo, mayo 23, 2010

Air nº 1: Cartas de países perdidos

Blythe es una azafata de vuelo titulada en filosofía que tiene miedo a las alturas. Y por extraña que pueda parecer la elección de su profesión, ni se acerca al extraño rumbo que está a punto de tomar su vida.

Se enamorará de un viajero misterioso que podría ser un usuario habitual de líneas aéreas o un terrorista. Buscándolo, viajará a un país que no existe en ningún mapa, se convertirá en objetivo de un violento grupo antiterrorista, e inevitablemente se verá en el centro de una carrera por encontrar un artefacto que podría cambiar para siempre la aeronáutica.

De repente, la vida de Blythe se encamina al destino más exotico que existe: lo desconocido. Con su trabajo, su seguridad y su cordura en el aire, ¿fracasará y caerá, o aprenderá a volar?


Para aquellos que no hemos sido bendecidos con el don de la narración, sentarnos a escribir sobre algo, puede suponer un esfuerzo a tener en cuenta. Esfuerzo que se hace mayor de forma directamente proporcional al tiempo que pasamos sin ejercitarnos en la escritura. Es por eso que me encuentro ante un abismo, dispuesto a saltar, sin tener muy claro que decir. Si esto ya de por sí me va a costar... ¿que puedo decir encima de una obra como Air?

Resulta curioso que sus cubiertas (delantera y trasera) estén repletas de citas mencionando las excelencias de la obra. Puro marketing, nada a tener en cuenta. Sin embargo, una vez repasadas todas, algo me llamó la atención: "... parte Gabriel García Marquez, parte Perdidos..." Cosa que se me ha quedado a fuego. Principalmente por mi relación de amor/odio con la serie de Abrahams. ¿Qué significa que Air es parte Perdidos? Ha sido dificil llegar a una conclusión, pero algo hemos sacado en claro. Este primer tomo que ha llegado a nuestro país tiene en su interior los números 1 al 5 de la serie original americana. Leerlos, posiblemente, sea como el inicio de una montaña rusa. Una cuesta que se hace eterna (especialmente para aquellos que como yo, tengan miedo a subirse en según qué atracciones) para después caer a plomo sin poder procesar toda la información que te rodea hasta pasados unos segundos.

Los dos/tres primeros capítulos son confusos, extraños, no dejan la sensación de querer seguir leyendo. Personajes que cambian de nacionalidad y acento, asociaciones secretas, una protagonista que se lanza con excesiva facilidad a la aventura a pesar de tener miedo a las alturas en un trabajo que se desarrolla en los cielos del planeta, empiezan a aparecer elementos fantásticos inexplicados... Parece como si el guionista buscara poner en orden sus ideas sin tener muy claro a donde ir. O justo lo contrario, tiene todo preparado y lo que hace es jugar al despiste con el lector imitando de forma descarada los movimientos argumentales de las primeras temporadas de Perdidos. Pero de repente, algo sucede. Llegamos al tope de la subida y la serie descubre su realidad (que no vamos a desvelar aqui), la trama empieza a cojer ritmo y todo comienza a cobrar sentido. Al terminar el libro, posiblemente no estaremos enganchados de por vida (seguramente el lapso de tiempo que tendremos que esperar hasta el siguiente haga que la cosa se enfríe bastante) pero el regusto que nos dejará la obra será de lo más satisfactorio.

De la misma forma que al guión hay que darle su tiempo para asentarse, lo mismo ocurrre con el dibujo. Bastante agradable a la vista, cumple en todo momento, aunque bien es cierto que no "entra por los ojos" desde primera hora. Seguramente al obviar la espectacularidad de dibujantes de otros géneros. Pero por supuesto, no nos encontramos ante una historieta espectacular, al menos no desde primera hora. Y es que para cuando llega el momento de impresionar, ya no podemos imaginar otro trazo en las viñetas.

En definitiva, un cómic bastante interesante que no engancha de primera hora pero que tras dedicarle un poco de paciencia empieza a recompensar. No vuelve loco, pero deja ganas de más; las justas para hacerse con el siguiente tomo e ir viendo hacia donde avanza la serie. Habrá que estar pendiente.

miércoles, marzo 10, 2010

The Legend of Zelda nº 3: Majora's Mask

Tras salvar Hyrule, el joven conocido como el Héroe del Tiempo emprende un misterioso viaje en busca de un amigo del que se separó cuando cumplió su heróico destino. Pero Skull Kid, poseído por la Máscara de Majora, le ataca y secuestra a Epona... ¡Ahora Link deberá emprender una lucha contrarreloj para salvar a sus amigos y al mundo de Términa!

No es novedad que no soy muy amigo del manga. No es porque no me parezca un... estilo de narración tan válido como el comic americano, la bande dessinée francesa o la historieta española. (No vamos a entrar en un debate aclarado ya por numerosos expertos que reconocen que no son más que palabras en diferentes idiomas para referirse a un mismo objeto, salvando las diferencias culturales, por supuesto). El caso es que defiendo justo lo contrario. Se trata de un estilo de narración gráfica tan válido como cualquier otro. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se ha convertido en una moda junto a todo lo que viene de tierras niponas. Desgraciadamente, soy enemigo de las modas, porque mucha gente se apunta a ellas, las defiende a capa y espada, pero no son capaces de arañar mas allá de la superficie.

Dicho esto, ¿cómo es que estamos hablando de un manga?. En este caso (ha habido, hay y habrá más de los que ya hablaremos por aqui) es por su temática. Despues de jugar al último juego de la saga Zelda (The Legend of Zelda: Spirit Tracks) e investigar un poco sobre la cronología de la serie, quise conocer un poco más. Si a eso le añadimos que jugué a Ocarina of Time cuando era un pipiolo, y que además, dicho juego estaba en inglés. Quise acercarme a la saga a través de este manga (los números 1 y 2 comprenden el The Legend of Zelda: Ocarina of Time) a modo de recordatorio. La experiencia no fue negativa y ya hemos seguido el viaje.

En el caso concreto de Majora's Mask, continuación directa de Ocarina of Time nos encontramos con un trabajo similar en los tres números. Por lo que la reseña bien podría aplicarse a todo lo publicado hasta ahora. Al adaptar los hechos ocurridos en un videojuego, la acción se desarrolla a una velocidad endiablada. Por lo que recalco la funcionalidad de este manga como "guia recordatoria" para aquellos que jugaran al juego y quieran recordar la historia sin tener que volver a pasarselo. Aquellos que busquen algo más profundo, van mal encaminados. En cuanto al dibujo, se agradece un trazo bastante limpio y gran claridad en la narración. Sin embargo, algunos de los momentos de acción pueden llegar a ser algo confusos (quizás sea mi falta de costumbre a leer manga).

En definitiva, un manga entretenido, pero bastante flojillo, recomendado solo para seguidores de la saga y siempre y cuando lo quieran usar como referencia de los juegos o gusten de curiosear entre las historias extras que se incluyen y que amplían la trama de los juegos.

Batman y los Outsiders nº 1 (Clásicos DC)

¿Qué hace Batman cuando la Liga de la Justicia no le acompaña a Markovia en busca de un amigo que ha sido secuestrado? ¡Pues dimitir y fundar su propio equipo! Comienzan así las aventuras de los Outsiders originales, formados por Halo, Metamorfo, Relámpago Negro, Katana, Geofuerza y, por supuesto, nuestro murciélago favorito.

Vivimos en un país con una industria del comic, cuanto menos curiosa. Ya no solo destaca que la mayoría de las producciones vengan del otro lado del charco (proporción totalmente inversa a países como Francia); sino que los editores de tebeos se han convertido en editores de libros. Mientras que en Estados Unidos, el comic-book sigue un proceso esquematico de grapa-tapa blanda-tapa dura, aquí lanzamos unicamente (salvo en contadas ocasiones) enormes cantidades de recopilatorios como poco en tapa blanda. Aunque la tapa dura que no hace otra cosa que elevar el precio de la obra cada vez tiene mayor presencia. Nos encantan esas ediciones de coleccionista que para ser especiales deberían contar con una edición normal simple.

¿Qué tiene esto que ver con la obra que nos ocupa? Bueno, un mercado tan saturado de "recopilatorios" permite que con relativa frecuencia, podamos contar con reediciones de material perdido en el tiempo. Y en ocasiones, a precios relativamente asequibles. Y en un momento en el que la linea editorial del Caballero Oscuro anda revolucionada por los sucesos de Batman R.I.P. y Crisis Final permitiendo quizas el despegue de la serie de los Outsiders (hasta hace poco con el Batman y en el título) que de momento en su periodicidad bimensual no acababa de arrancar a pesar de su buena factura. Así que nuestros editores de libros (que no de tebeos) ya tardaban en echar la vista atrás en busca de material que reeditar. La táctica suele funcionar. Ambas series de dan publicidad (al compartir nombre) la una a la otra, y suben las ventas.

Así que tras numerosos retrasos por fin llegó a nuestras estanterias el primer númerode Batman y los Outsiders en formato Clásicos DC. Un volúmen que recopila una historia corta aparecida en The Brave and the Bold nº 200 que servía de prólogo a la colección, los 12 primeros números de la serie y el número 37 de New Teen Titans que se cruza directamente con uno de los arcos argumentales de los Outsiders. Trece comic-books más una historia corta por el modico precio de 18.95€. ¿Merece la pena? Veamos.

Como pasa con todos los recopilatorios que incluyen tebeos ya entraditos en años, hay que hacer una labor retrospectiva a la hora de leerlos. Ni el dibujo, ni los argumentos; ni siquiera la forma de narrar se han mantenido en 75 años. Por lo que, o estamos dispuestos a transigir con ciertas cosas, o mejor ni mirar la portada. En esta ocasión nos encontramos con con un compendio de historias, bastante bien dibujadas y narradas. Bien es cierto que nacidas a mediados de los 80 no nos quedan demasiado lejos, por lo que habrá que ver como envejecen cuando pase más tiempo. Aunque seguramente los años no sean muy duros con ellos. Se agradece el intento de los creadores de dotar a los personajes (especialmente todos aquellos que no son Batman) de un mínimo de profundidad para no quedarse en las meras aventuras nacidas de la casualidad. De esta forma personajes ya conocidos aunque poco populares y otros de nuevo cuño pero cargados de misterio, conforman un equipo bastante atractivo. Aunque posiblemente a causa de su origen de parias, pase siempre desapercibido en unas estanterías cargadas de Ligas de la Justicia, Titanes (nuevos, viejos y jovenes), Sociedades de la Justicia y demás grupos de coloridos superhéroes. Viendo la calidad del material original y sopesando la cantidad de páginas con su precio podemos afirmar que merece la pena. Sobre todo si recordamos, que es un producto a color. Punto positivo, pues además parece no haber sufrido recoloreado.

Sin embargo, si analizamos la calidad de la edición. Vemos como ya aquellos no boyantes económicamente pueden verse frenados en su impulso de hacerse con el tomo. Y es que es aquí donde Planeta suele fallar con, quizás demasiada, frecuencia. A favor decir que que aunque se aprecia alguna página (o portada) escaneada, y se echa en falta la cubierta del número de los Titanes, parece que la casi totalidad del material está sacado del original (y como ya decíamos posiblemente sin recolorear). La maquetación es buena, respetando el orden de publicación e insertando cada portada al inicio de cada número. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, en los últimos capítulos del tomo, podemos observar como algunos bocadillos aparecen sin terminar, dejando frases a medias y entorpeciendo bastante la lectura. Y al menos en una ocasión nos encontramos con los ya cansinos bocadillos intercambiados (personajes que intercambian sus textos por error del rotulista español). Esto, de por si es bastante imperdonable. Pero en una editorial que ha anunciado y retrasado este volumen durante varios meses y que además parece empeñada en saturar el mercado publicando más de lo que parece ser capaz de distribuir (la unica editorial, o casi, que sufre modificaciones de última hora en sus listas de novedades) ya no tiene excusa ninguna. Lo que implica una pérdida de puntos notables. Cuando las cosas se hacen bien, es obligatorio felicitarlas, aunque simplemente supongan un cumplimiento de la obligación. Es por eso que cuando se hacen mal (y además estamos pagando) es de recibo criticar. Y estos fallos, la verdad es que ya empiezan a cansar.

En definitiva, un producto entretenido, sin recomendar para nadie en concreto pero que cuya compra no es desaconsejada. Lastima que por unos fallos ya tópicos en nuestro país editorial pierda algunos enteros.